Club ÉBANO

Sesión 11. Club ÉBANO: El cuarteto de Alejandría: Justine , de Lawrence DURRELL

Entrada publicada en Club ÉBANO el 28 de Febrero, 2012 por Club de lectura – Sin comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 12 de marzo (11:00), comentaremos la novela de Lawrence Durrell: El cuarteto de Alejandría: Justine.

Lawrence George Durrell (Jalandhar, India, 1912 – Sommières, Francia, 1990). Hijo de colonos británicos, a los once años, lo enviaron a la escuela en Gran Bretaña, un país en el que nunca fue feliz y que abandonó tan pronto como pudo. A pesar de que fracasó en sus exámenes de ingreso a la universidad, Durrell empezó a escribir poesía a los quince años. Su primera colección, Quaint Fragment, se publicó en 1931. En 1935, Durrell se casó con Nancy Isobel Myers, la primera de sus cuatro esposas y en marzo de ese año Durrell, Nancy, su madre, y sus hermanos se trasladaron a la isla griega de Corfú, allí permanecerían hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Se dio a conocer como poeta y novelista en la década de los treinta y obtuvo su primer gran éxito de crítica con El Libro Negro, escrito en París en 1938. Durante la guerra, Durrell sirvió como agregado de prensa en las embajadas británicas, primero en El Cairo y luego en Alejandría. Después de la guerra desempeñó varios cargos diplomáticos y docentes. Fue en Alejandría donde conoció a Eve (Yvette) Cohen, que se convertiría en su modelo para Justine. En 1947 se casó con Yolanda Vega y en 1951 tuvieron una hija, Sappho Jane, que recibió este nombre por la legendaria poetisa griega Safo de Lesbos (su amor por Grecia siempre estuvo presente). En 1957, se inicia la publicación de su más famosa y reconocida novela, El Cuarteto de Alejandría (1957-1960), tetralogía que lo convierte en un consagrado escritor. De su obra posterior destacan Tunc, El laberinto oscuro, Nunquam y Una sonrisa en el ojo de la mente. Tunc (1968) y Numquam (1970) integran The Revolt of Aphrodite. Una sonrisa en el ojo de la mente se halla a medio camino entre la autobiografía, la ficción y el ensayo. Con The Avignon Quintet, intentó repetir el éxito del Cuarteto de Alejandría y revisaba muchos de los motivos y estilos que se encuentra en su obra anterior. El Quinteto de Aviñón es en su conjunto menos exitoso que el Cuarteto de Alejandría, aunque su libro central, Constance, or Solitary Practice, que describe Francia bajo la ocupación alemana, fue nominado para el Premio Booker en 1982.

Es autor también de poesía (Poemas completos, 1931-1974), que se ha visto oscurecida por sus novelas. También es autor varias obras a medio camino entre el ensayo y el libro de viajes. En 1967, se retiró a Sommières (Francia) donde murió en 1990.

El Cuarteto de Alejandría es una tetralogía de novelas del escritor Lawrence Durrell, que se publicaron entre 1957 y 1960. Tuvieron un gran éxito, tanto de crítica como de público. Presentan cuatro perspectivas diferentes de un mismo conjunto de personajes y acontecimientos que tienen lugar en Alejandría, Egipto, antes y durante la II Guerra Mundial. Las cuatro novelas son: Justine (1957), Balthazar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960). Esta tetralogía convierte a su autor en un clásico de nuestro tiempo, debido en buena medida a su exploración de las posibilidades del lenguaje narrativo, y que provocó entusiastas comparaciones del autor con Proust y Faulkner. Como buena parte de su narrativa, procede de su experiencia personal como diplomático en Grecia, Yugoslavia, Chipre y Egipto y se caracteriza por la experimentación formal en cuanto al tratamiento del tiempo y el espacio. En 1957, publicó Justine, la primera novela de la tetralogía y que es una brillante apertura. Aquí asistimos a la precisa belleza con que Darley, el narrador, refiere la historia de su pasión hacia la enigmática Justine, centro de unos amores cruzados. El desenlace, con una misteriosa muerte, es en realidad un final abierto que sólo cobra todo su sentido tras la lectura del resto del Cuarteto (Balthazar, Mountolive y Clea).

Estas obras se refieren a los acontecimientos en Alejandría justo antes y durante la segunda guerra mundial. Los primeros tres libros cuentan en esencia la misma historia, pero desde diferentes perspectivas, una técnica que Durrell describió en su nota introductoria a Balthazar como “relativista”. Sólo en la parte final, Clea, la historia avanza en el tiempo y alcanza un desenlace. En estas novelas analiza el amor en todas sus formas y pasajes de gran belleza se mezclan con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual. El cuarteto impresionó a los críticos por la riqueza de su estilo, la variedad y viveza de sus personajes, su movimiento entre lo personal y lo político, y sus localizaciones exóticas en la ciudad y sus alrededores que Durrell retrata como su principal protagonista: “… la ciudad que nos usaba como su flora, precipitando en nosotros conflictos que eran de ella y que nosotros erróneamente creíamos que eran nuestros: ¡querida Alejandría!”.

Justine es más que el retrato afectivo de una ciudad, Alejandría. A través de la mirada de un grupo de personajes muy diversos, algunos de ellos extranjeros que conocen en diversos grados la ciudad y sus costumbres, Durrell nos muestra los modos de vida y las formas de relacionarse en una ciudad recreada con todo su colorido. Las relaciones afectivas, amorosas y sexuales entre los protagonistas es uno de los aspectos que más impacto causó en el momento de su aparición, pero a ello pronto se añadió el elogio a la sabia combinación de un personaje colectivo pero heterogéneo con un inusual tratamiento de las coordenadas espacio temporales. Además, el desenlace, con una misteriosa muerte, es en realidad un final abierto que sólo cobra todo su sentido tras la lectura del resto del cuarteto. Durrel transmite con fuerza y convicción el hechizo que ejerció sobre él una gran ciudad llena de misterio y secreto. En esa vívida y decadente Alejandría (“lo único real en esta novela“) se mueven los personajes de Durrell: Justine, promiscua y seductora arrastrando la herida de un trauma adolescente, su perfume Jamais de la vie y sus “ojos translúcidos, agrandados por la belladona“, amada por Darley (narrador del Cuarteto) con el aparente consentimiento de su esposo, Nessim. Una hija auténtica de Alejandría, su paisaje y su llanura aluvial, con “su aire de extenuación“, es decir, “ni griega ni siria, ni egipcia, sino un híbrido, una ensambladura” (“Justine y su ciudad se parecen en que ambos tienen un sabor intenso aunque les falta todo carácter auténtico“). Balthazar, amigo de Kavafis y “oráculo” de la ciudad, “su daimon platónico, el mediador entre sus dioses y sus hombres“. Mountoulive, embajador de Inglaterra atrapado entre su deber profesional y la amistad con Nessim. Pursewarden, alter ego de Durrell, el salvaje Naruz, la pobre y melancólica Melissa, la encantadora Clea, el siniestro Capodistría y tantos otros.

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Sesión 10. Club ÉBANO: El olvido que seremos, de Héctor Abad FACIOLINCE

Entrada publicada en Club ÉBANO el 13 de Febrero, 2012 por Club de lectura – 7 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 27 de febrero (11:00), comentaremos el libro del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince: El olvido que seremos.

Héctor Abad Faciolince nació en Medellín, Colombia. Allí realizó sus estudios-todos inconclusos-de medicina, filosofía y periodismo. Viajó a Italia, donde se graduó en literatura moderna. Regresó a Colombia en 1987, pero ese mismo año, después de que los paramilitares asesinaran a su padre y de recibir amenazas contra su vida, se refugió en Italia, donde fue lector de español hasta 1992. Nuevamente en Colombia, trabajó como traductor de italiano e inició su carrera de escritor.

Entre sus novelas están: Asunto de un hidalgo disoluto (1994), Fragmentos de amor furtivo (1998) y Basura (2000), con la que obtuvo el Primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora; el libro de cuentos Malos pensamientos (1991) y Angosta (2004, mejor novela extranjera publicada en China en 2005). Ha publicado también libros de ensayos breves, Palabras sueltas (2002) y Las formas de la pereza (2007), el volumen de relatos El amanecer de un marido (2008), y otros tres de género incierto, Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997), Oriente empieza en el Cairo (2002) y El olvido que seremos (2006).

El olvido que seremos, cuyo título alude a un verso de Jorge Luis Borges y cuyo poema completo fue encontrado en el bolsillo del padre cuando murió asesinado, es un libro bastante complejo.

Escrito con la serenidad que sólo la distancia puede brindar; sobre todo cuando los hechos que motivaron su escritura son tan dolorosos: veinte años tardó el autor, desde la muerte de su padre hasta poder sentarse a escribir. Es un libro emotivo, fuerte pero sin ningún afán de revancha. Como el mismo autor explica, su intención primordial al escribirlo era simplemente contar la historia, para que se supiera.

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Sesión 9. Club ÉBANO: El gran Gatsby, de F. Scott FITZGERALD

Entrada publicada en Club ÉBANO el 31 de Enero, 2012 por Club de lectura – 3 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 13 de febrero (11:00), comentaremos el libro de F. Scott Fitzgerald: El gran Gatsby.

Francis Scott Fitzgerald (Minnesota, USA, 1896 – Hollywood, California, 1940) fue un novelista estadounidense de la época del jazz. Creció en una familia católica irlandesa. Estudió en la Universidad de Princentown, sin llegar a graduarse, y luego se alistó en el ejército para participar en la Primera Guerra Mundial. Su obra es el reflejo de los problemas de la juventud de su país en los años que siguieron a esta guerra, de ahí que sus novelas expresen el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra.
Con su novela inicial, A este lado del paraíso (1920), obtuvo gran popularidad lo que le permitió ir publicando sus cuentos en revistas de prestigio como The Saturday Evening Post y convertirse en una de las figuras más representativas del “sueño americano” de la década de 1920. Se trasladó a Francia junto con su mujer, Zelda Sayre, personaje fundamental para Fitzgerarld tanto en la felicidad como en la desdicha, ya que fue su inspiración y compañía en el decenio de gloria que les tocó vivir y el centro de sus preocupaciones a partir de 1930, cuando él se hundió en el alcohol y ella en la demencia.  En Francia acabó de escribir la que se considera su obra maestra, El gran Gastby (1925), la historia del éxito y posterior decadencia de un traficante de alcohol durante la ley seca que se fabrica una identidad aristocrática y, a partir de ella, vive como un fantasma en una mansión consagrando todas sus fuerzas y dinero a conseguir a la mujer que ama, Daisy. Fitzgerald describió en sus páginas un arquetipo que estaba surgiendo por entonces en Estados Unidos: el individuo de clase baja y de escasa moral, que para triunfar utiliza cualquier medio a su alcance. Escribió aún otras dos grandes novelas, Suave es la noche (1934), que él consideraba la culminación de su obra, y la póstuma e inconclusa El último magnate (1941), donde cuenta los aspectos más miserables del mundillo de Hollywood, que tan bien conocía, ya que en los años de ruina que precedieron a su muerte trabajó como guionista anónimo para la industria del cine.

F. Scott Fitzgerald pertenece a un grupo de escritores llamado por Gertrude Stein la Generación Perdida: narradores norteamericanos nacidos a finales del siglo XIX que vivieron muy de cerca la Primera Guerra Mundial, su fin y la posterior desesperanza ante la destrucción masiva del hombre por el hombre. Otro rasgo que comparte el grupo, en el que se incluyen Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Steinbeck… es haber vivido en ciudades de Europa tras la guerra. Estos escritores tendrían importancia capital, junto a los grandes renovadores de la narrativa europea del siglo XX (Kafka, Joyce, Proust, Huxley, Virginia Woolf…), en la gestación de la nueva novela latinoamericana, que inicia sus creaciones a finales de la década de 1950.

El Gran Gatsby (The Great Gatsby, en su título original en inglés) es una novela publicada en 1925 y descrita como el reflejo de la era del jazz en la literatura estadounidense. Está considerada como una de las obras más emblemáticas de la generación perdida. La historia se desarrolla en Nueva York y Long Island en los años 20 del siglo XX.  El público no acogió bien la novela de Fitzgerald cuando se publicó y se vendieron menos de 24.000 ejemplares hasta la muerte del autor. Durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial cayó en el olvido. En los años 50 se reeditó y encontró rápidamente un amplio círculo de lectores. Durante las décadas siguientes se convirtió en un texto estándar en institutos y universidades en todo el mundo. En algunas referencias es citada como una de las novelas más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX.

El protagonista se hace llamar Jay Gatsby y persigue un solo sueño en la vida: recuperar al amor de su juventud, Daisy, de quien se separó años atrás por ser un pobretón que nada podía ofrecerle a una muchacha acostumbrada a vivir en la opulencia. Pese a ello, Gatsby no se resignó y consiguió hacerse rico, participando en negocios turbios. Cuando se reencuentra con su amada y parece que al fin va a conseguir su anhelo, la vida se encarga de destruir sus ilusiones. La novela está narrada por Nick Carraway, primo de Daisy y, como ella y Gatsby, proveniente del Medio Oeste norteamericano y  emigrado al Este en busca de una vida mucho más estimulante que la ofrecida por su tierra natal. Poco a poco, Nick se irá involucrando con la esquiva historia de Gatsby, que tanto él como el lector conocerán a retazos, en desorden, de forma parcial, pero con todas las claves para entenderla.

La crítica social de El gran Gatsby es severa: el individuo soñador, persistente que cambia incluso de nombre, que se crea una nueva identidad para abandonar su condición marginal y formar parte del grupo; así accederá a su acariciado deseo, pero es aplastado por una sociedad que, tras su boato, esconde su falta de seriedad, de compromiso y su incapacidad de sentir algo más que sus mezquinos intereses.
Tiene razón Vargas Llosa al relacionar a Jay Gatsby con don Quijote y Madame Bovary. Los tres pelean batallas de antemano perdidas que, sin embargo, los dignifican como seres humanos, al no resignarse a admitir sólo lo que la realidad les ofrece; a tener el atrevimiento de mirar más alto, de darle al mundo, gracias a su enfebrecida imaginación, algo que antes no tenía, aún cuando terminen apaleados o muertos. Por ello, esta novela reafirma la fantasía romántica de la ambición y el heroísmo personales de una vida dirigida o condenada a la consecución de un ideal.

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Sesión 8. Club ÉBANO: Madame Bovary, de Gustave FLAUBERT

Entrada publicada en Club ÉBANO el 16 de Enero, 2012 por Club de lectura – 5 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 30 de enero (11:00), comentaremos el libro de Gustave Flaubert: Madame Bovary.

Gustave Flaubert (Rouen, Francia, 1821 – Croisset, id., 1880): Escritor francés que se incluye en los movimientos realista y naturalista que imperan en Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Hijo de un médico, su precoz pasión por la literatura queda patente en la pequeña revista literaria Colibrí, que redactaba íntegramente mientras cursaba sus estudios en el Liceo de Rouen, y en la que de una manera un tanto difusa pero sorprendente se reconocen los temas que desarrollaría el escritor adulto. Estudió derecho en París y, tras sufrir graves trastornos nerviosos, se retira a su finca de Croisset, en 1844, donde pasará toda su vida entregado a su labor de escritor, excepto durante sus viajes. Uno de ellos, quizás el más importante (1849-1851), a Egipto, Asia Menor, Turquía, Grecia e Italia le serviría más adelante para su novela Salambó. Los viajes desempeñaron un papel importante en su aprendizaje como novelista, dado el valor que concedía a la observación de la realidad. Flaubert no dejaba nada en sus obras a merced de la pura inspiración, antes bien, trabajaba con empeño y precisión el estilo de su prosa, desterrando cualquier lirismo, no deseaba nada que no fuera real; ahora bien, esa realidad no debía traslucir la experiencia personal, ni las opiniones propias.

Su firme voluntad de permanecer oculto en el texto, explica el esfuerzo enorme de preparación que le supuso cada una de sus obras (no consideró publicable La tentación de san Antonio, 1874, hasta haberla reescrito tres veces). Las profundas investigaciones eruditas que llevó a cabo para escribir su novela Salambó (1862) tuvieron que ser completadas con otro viaje al norte de África. Su primera gran novela publicada, y para muchos su obra maestra, es Madame Bovary (1856), cuya protagonista, una mujer mal casada que es víctima de sus propios sueños románticos, representa, a pesar de su propia mediocridad, toda la frustración que, según Flaubert, había producido el siglo XIX, siglo que él odiaba por identificarlo con la mezquindad y la estupidez que a su juicio caracterizaba a la burguesía.

De esa misma sátira de su tiempo participa toda su producción, incluido un brillante, aunque inacabado, Diccionario de los lugares comunes. La publicación de Madame Bovary, que supuso su rápida consagración literaria, le creó también serios problemas. Atacado por los moralistas, que condenaban el trato que daba al tema del adulterio, fue incluso sometido a juicio del que salió absuelto. Su siguiente gran obra, La educación sentimental (1869), fue, en cambio, la más cercana a su propia experiencia, pues se proponía describir las esperanzas y decepciones de la generación de la revolución de 1848. Su última gran obra, Bouvard y Pécuchet (1881) que quedaría inconclusa a su muerte, es una sátira a la vez terrible y tierna del ideal de conocimiento de la Ilustración. La abundancia de los trabajos que posteriormente se han dedicado a Gustave Flaubert, y en particular a su estilo, confirma el papel central que desempeñó en la evolución del género novelístico hasta la mitad del siglo XX.

La novela Madame Bovary se publicó por entregas en La Revue de Paris desde el 1 de octubre de 1856 hasta el 15 de diciembre del mismo año; en forma de libro, en 1857. Madame Bovary, constituye uno de los puntos de referencia para el movimiento del realismo literario. No obstante, la historia también se halla estrechamente unida a lo que se conoció como la novela alegórica dado que, más que una novela de romance que terminará en el suicidio de su protagonista, es también una crítica a la sociedad burguesa del siglo XIX.

Dividida en tres partes, con una increíble agudeza literaria, su autor nos muestra su punto de vista sobre la vida de la sociedad de alto rango en la Francia del temprano siglo XIX, al casar al personaje principal con alguien que nada le ofrece más que exhibirla como si fuese un trofeo y al encontrar en un estudiante de leyes, con quien tendrá una cruel y triste historia, lo que siempre buscó, pero que al final, no la llevará a nada más que a su muerte. Madame Bovary, es más que una novela, un retrato fiel y un paradigma para la literatura realista y universal y para la filosofía francesa de los siglos XIX a XXI.

«Madame Bovary soy yo» respondía Flaubert cuando le preguntaron por la identidad de ese personaje tan asombrosamente vivo. Y a medida que vas leyendo la novela y que te vas relacionando con su protagonista, puedes caer en la cuenta de que también tú eres Emma. Todos pueden serlo. Su verdadero mal es que está enamorada del amor: de un amor por encima de todos los amores, de un deseo por encima de todos los deseos. Su fulminante ideal la ciega, y no ve a su marido, que al final parece aquejado por la misma enfermedad que su esposa.
La muerte de Madame Bovary es la muerte del sueño romántico.

La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary es un ensayo de Mario Vargas Llosa que examina Madame Bovary, como la primera novela moderna. Según Vargas Llosa, la primera parte del libro tiene un tono autobiográfico, mientras que la segunda comprende un análisis exhaustivo de la estructura y el significado de la novela. La última parte del libro establece la relación entre la obra de Flaubert y la historia y el crecimiento del género más representativo de la literatura moderna: la novela.

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