Club ÉBANO

Sesión 9. Club ÉBANO: El gran Gatsby, de F. Scott FITZGERALD

Entrada publicada en Club ÉBANO el 31 de Enero, 2012 por Club de lectura – 1 Comentario

En la próxima sesión que tendrá lugar el 13 de febrero (11:00), comentaremos el libro de F. Scott Fitzgerald: El gran Gatsby.

Francis Scott Fitzgerald (Minnesota, USA, 1896 – Hollywood, California, 1940) fue un novelista estadounidense de la época del jazz. Creció en una familia católica irlandesa. Estudió en la Universidad de Princentown, sin llegar a graduarse, y luego se alistó en el ejército para participar en la Primera Guerra Mundial. Su obra es el reflejo de los problemas de la juventud de su país en los años que siguieron a esta guerra, de ahí que sus novelas expresen el desencanto de los privilegiados jóvenes de su generación que arrastraban su lasitud entre el jazz y la ginebra.
Con su novela inicial, A este lado del paraíso (1920), obtuvo gran popularidad lo que le permitió ir publicando sus cuentos en revistas de prestigio como The Saturday Evening Post y convertirse en una de las figuras más representativas del “sueño americano” de la década de 1920. Se trasladó a Francia junto con su mujer, Zelda Sayre, personaje fundamental para Fitzgerarld tanto en la felicidad como en la desdicha, ya que fue su inspiración y compañía en el decenio de gloria que les tocó vivir y el centro de sus preocupaciones a partir de 1930, cuando él se hundió en el alcohol y ella en la demencia.  En Francia acabó de escribir la que se considera su obra maestra, El gran Gastby (1925), la historia del éxito y posterior decadencia de un traficante de alcohol durante la ley seca que se fabrica una identidad aristocrática y, a partir de ella, vive como un fantasma en una mansión consagrando todas sus fuerzas y dinero a conseguir a la mujer que ama, Daisy. Fitzgerald describió en sus páginas un arquetipo que estaba surgiendo por entonces en Estados Unidos: el individuo de clase baja y de escasa moral, que para triunfar utiliza cualquier medio a su alcance. Escribió aún otras dos grandes novelas, Suave es la noche (1934), que él consideraba la culminación de su obra, y la póstuma e inconclusa El último magnate (1941), donde cuenta los aspectos más miserables del mundillo de Hollywood, que tan bien conocía, ya que en los años de ruina que precedieron a su muerte trabajó como guionista anónimo para la industria del cine.

F. Scott Fitzgerald pertenece a un grupo de escritores llamado por Gertrude Stein la Generación Perdida: narradores norteamericanos nacidos a finales del siglo XIX que vivieron muy de cerca la Primera Guerra Mundial, su fin y la posterior desesperanza ante la destrucción masiva del hombre por el hombre. Otro rasgo que comparte el grupo, en el que se incluyen Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Steinbeck… es haber vivido en ciudades de Europa tras la guerra. Estos escritores tendrían importancia capital, junto a los grandes renovadores de la narrativa europea del siglo XX (Kafka, Joyce, Proust, Huxley, Virginia Woolf…), en la gestación de la nueva novela latinoamericana, que inicia sus creaciones a finales de la década de 1950.

El Gran Gatsby (The Great Gatsby, en su título original en inglés) es una novela publicada en 1925 y descrita como el reflejo de la era del jazz en la literatura estadounidense. Está considerada como una de las obras más emblemáticas de la generación perdida. La historia se desarrolla en Nueva York y Long Island en los años 20 del siglo XX.  El público no acogió bien la novela de Fitzgerald cuando se publicó y se vendieron menos de 24.000 ejemplares hasta la muerte del autor. Durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial cayó en el olvido. En los años 50 se reeditó y encontró rápidamente un amplio círculo de lectores. Durante las décadas siguientes se convirtió en un texto estándar en institutos y universidades en todo el mundo. En algunas referencias es citada como una de las novelas más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX.

El protagonista se hace llamar Jay Gatsby y persigue un solo sueño en la vida: recuperar al amor de su juventud, Daisy, de quien se separó años atrás por ser un pobretón que nada podía ofrecerle a una muchacha acostumbrada a vivir en la opulencia. Pese a ello, Gatsby no se resignó y consiguió hacerse rico, participando en negocios turbios. Cuando se reencuentra con su amada y parece que al fin va a conseguir su anhelo, la vida se encarga de destruir sus ilusiones. La novela está narrada por Nick Carraway, primo de Daisy y, como ella y Gatsby, proveniente del Medio Oeste norteamericano y  emigrado al Este en busca de una vida mucho más estimulante que la ofrecida por su tierra natal. Poco a poco, Nick se irá involucrando con la esquiva historia de Gatsby, que tanto él como el lector conocerán a retazos, en desorden, de forma parcial, pero con todas las claves para entenderla.

La crítica social de El gran Gatsby es severa: el individuo soñador, persistente que cambia incluso de nombre, que se crea una nueva identidad para abandonar su condición marginal y formar parte del grupo; así accederá a su acariciado deseo, pero es aplastado por una sociedad que, tras su boato, esconde su falta de seriedad, de compromiso y su incapacidad de sentir algo más que sus mezquinos intereses.
Tiene razón Vargas Llosa al relacionar a Jay Gatsby con don Quijote y Madame Bovary. Los tres pelean batallas de antemano perdidas que, sin embargo, los dignifican como seres humanos, al no resignarse a admitir sólo lo que la realidad les ofrece; a tener el atrevimiento de mirar más alto, de darle al mundo, gracias a su enfebrecida imaginación, algo que antes no tenía, aún cuando terminen apaleados o muertos. Por ello, esta novela reafirma la fantasía romántica de la ambición y el heroísmo personales de una vida dirigida o condenada a la consecución de un ideal.

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Sesión 8. Club ÉBANO: Madame Bovary, de Gustave FLAUBERT

Entrada publicada en Club ÉBANO el 16 de Enero, 2012 por Club de lectura – 5 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 30 de enero (11:00), comentaremos el libro de Gustave Flaubert: Madame Bovary.

Gustave Flaubert (Rouen, Francia, 1821 – Croisset, id., 1880): Escritor francés que se incluye en los movimientos realista y naturalista que imperan en Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Hijo de un médico, su precoz pasión por la literatura queda patente en la pequeña revista literaria Colibrí, que redactaba íntegramente mientras cursaba sus estudios en el Liceo de Rouen, y en la que de una manera un tanto difusa pero sorprendente se reconocen los temas que desarrollaría el escritor adulto. Estudió derecho en París y, tras sufrir graves trastornos nerviosos, se retira a su finca de Croisset, en 1844, donde pasará toda su vida entregado a su labor de escritor, excepto durante sus viajes. Uno de ellos, quizás el más importante (1849-1851), a Egipto, Asia Menor, Turquía, Grecia e Italia le serviría más adelante para su novela Salambó. Los viajes desempeñaron un papel importante en su aprendizaje como novelista, dado el valor que concedía a la observación de la realidad. Flaubert no dejaba nada en sus obras a merced de la pura inspiración, antes bien, trabajaba con empeño y precisión el estilo de su prosa, desterrando cualquier lirismo, no deseaba nada que no fuera real; ahora bien, esa realidad no debía traslucir la experiencia personal, ni las opiniones propias.

Su firme voluntad de permanecer oculto en el texto, explica el esfuerzo enorme de preparación que le supuso cada una de sus obras (no consideró publicable La tentación de san Antonio, 1874, hasta haberla reescrito tres veces). Las profundas investigaciones eruditas que llevó a cabo para escribir su novela Salambó (1862) tuvieron que ser completadas con otro viaje al norte de África. Su primera gran novela publicada, y para muchos su obra maestra, es Madame Bovary (1856), cuya protagonista, una mujer mal casada que es víctima de sus propios sueños románticos, representa, a pesar de su propia mediocridad, toda la frustración que, según Flaubert, había producido el siglo XIX, siglo que él odiaba por identificarlo con la mezquindad y la estupidez que a su juicio caracterizaba a la burguesía.

De esa misma sátira de su tiempo participa toda su producción, incluido un brillante, aunque inacabado, Diccionario de los lugares comunes. La publicación de Madame Bovary, que supuso su rápida consagración literaria, le creó también serios problemas. Atacado por los moralistas, que condenaban el trato que daba al tema del adulterio, fue incluso sometido a juicio del que salió absuelto. Su siguiente gran obra, La educación sentimental (1869), fue, en cambio, la más cercana a su propia experiencia, pues se proponía describir las esperanzas y decepciones de la generación de la revolución de 1848. Su última gran obra, Bouvard y Pécuchet (1881) que quedaría inconclusa a su muerte, es una sátira a la vez terrible y tierna del ideal de conocimiento de la Ilustración. La abundancia de los trabajos que posteriormente se han dedicado a Gustave Flaubert, y en particular a su estilo, confirma el papel central que desempeñó en la evolución del género novelístico hasta la mitad del siglo XX.

La novela Madame Bovary se publicó por entregas en La Revue de Paris desde el 1 de octubre de 1856 hasta el 15 de diciembre del mismo año; en forma de libro, en 1857. Madame Bovary, constituye uno de los puntos de referencia para el movimiento del realismo literario. No obstante, la historia también se halla estrechamente unida a lo que se conoció como la novela alegórica dado que, más que una novela de romance que terminará en el suicidio de su protagonista, es también una crítica a la sociedad burguesa del siglo XIX.

Dividida en tres partes, con una increíble agudeza literaria, su autor nos muestra su punto de vista sobre la vida de la sociedad de alto rango en la Francia del temprano siglo XIX, al casar al personaje principal con alguien que nada le ofrece más que exhibirla como si fuese un trofeo y al encontrar en un estudiante de leyes, con quien tendrá una cruel y triste historia, lo que siempre buscó, pero que al final, no la llevará a nada más que a su muerte. Madame Bovary, es más que una novela, un retrato fiel y un paradigma para la literatura realista y universal y para la filosofía francesa de los siglos XIX a XXI.

«Madame Bovary soy yo» respondía Flaubert cuando le preguntaron por la identidad de ese personaje tan asombrosamente vivo. Y a medida que vas leyendo la novela y que te vas relacionando con su protagonista, puedes caer en la cuenta de que también tú eres Emma. Todos pueden serlo. Su verdadero mal es que está enamorada del amor: de un amor por encima de todos los amores, de un deseo por encima de todos los deseos. Su fulminante ideal la ciega, y no ve a su marido, que al final parece aquejado por la misma enfermedad que su esposa.
La muerte de Madame Bovary es la muerte del sueño romántico.

La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary es un ensayo de Mario Vargas Llosa que examina Madame Bovary, como la primera novela moderna. Según Vargas Llosa, la primera parte del libro tiene un tono autobiográfico, mientras que la segunda comprende un análisis exhaustivo de la estructura y el significado de la novela. La última parte del libro establece la relación entre la obra de Flaubert y la historia y el crecimiento del género más representativo de la literatura moderna: la novela.

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Sesión 7. Club ÉBANO: Memorias de Adriano, de Marguerite YOURCENAR

Entrada publicada en Club ÉBANO el 19 de Diciembre, 2011 por Club de lectura – 3 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 16 de enero (11:00), comentaremos el libro de Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano.

Marguerite Cleenewerck de Crayencour (Bruselas, Bélgica, 1903 – Bar Harbor, Maine, USA, 1987), conocida como Marguerite Yourcenar (primero pseudónimo y más tarde, nombre oficial), fue una novelista, poeta, dramaturga y traductora belga  nacionalizada estadounidense en 1947. Su primera novela, Alexis, fue publicada en 1929. En 1939, para que pudiera escapar de los problemas bélicos, su mejor amiga en ese momento, la traductora norteamericana  Grace Frick, a la que había conocido en París en 1937, la invita a Estados Unidos donde dará clases de Literatura comparada en Nueva York. En 1947, se nacionaliza norteamericana. Yourcenar y Frick seguirán juntas hasta la muerte de esta última, en 1979. Tradujo al francés Las olas de Virginia Woolf, en 1937, Lo que Maisie sabía de Henry James, en 1947, y obras de Yukio Mishima.

Una de las más respetadas escritoras en lengua francesa, tras el éxito de Memorias de Adriano (1951) siguió publicando novela, ensayo, poesía y tres volúmenes de memorias: Recordatorios (1973) (primera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo), Archivos del norte (Archives du Nord) (1977) (segunda parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo) y ¿Qué? La eternidad (Quoi? L’Éternité) (1988) (tercera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo, publicada póstumamente; inacabada). Peregrina y extranjera (En pèlerin et ètranger) (1989) (recopilación póstuma de ensayos). Una vuelta por mi cárcel (Le tour de la prison) (1991) (recopilación realizada por la autora de catorce textos de viajes, la mayor parte sobre Japón y el último inacabado, publicada póstumamente). Ganadora de los premios Femina y Erasmus, en 1980 fue la primera mujer elegida miembro de número de la Academia francesa, aunque desde 1970 ya pertenecía a la Academia belga.

En Memorias de Adriano, Yourcenar recrea la vida y muerte de una de las figuras más importantes del mundo antiguo, el emperador romano Adriano. La obra está escrita a modo de larga carta del emperador a su nieto adoptivo y futuro sucesor, Marco Aurelio. Adriano le explica su pasado, describiendo sus triunfos, su amor por Antinoo y su filosofía. Memorias de Adriano fue una novela pionera que ha servido de influencia en la posterior novelística histórica y se ha convertido en una obra maestra moderna. Aunque en forma epistolar, el libro está narrado en primera persona lo que hace que el lector se introduzca en la cabeza del emperador Adriano, en sus reflexiones filosóficas, en sus opiniones sobre la política y el gobierno, sus ideas sobre la guerra, sobre Roma, sobre el amor. Debido a la profundidad psicológica del personaje principal, el lector siente lo que siente el emperador. Yourcenar maneja la historia de tal manera que se da un equilibrio entre la reflexión, la acción y la emoción que hace que se discurra por las páginas con facilidad y te sientas en muchos momentos contagiado de las emociones de Adriano.

La apasionante personalidad de Adriano, emperador de Roma en el siglo II, y uno de los más notables gobernantes que tuvo el Imperio, trasciende cualquier reseña sobre su obra y figura para convertirse en fuente de inspiración de esta novela excepcional, alabada como una de las obras más singulares, bellas y hondas de la literatura de nuestro siglo. Este inventario autobiográfico ficticio que Adriano hace a las puertas de la muerte constituye el más íntimo y magistral retrato de quien fue uno de los últimos espíritus libres de la Antigüedad. El Adriano de Marguerite Yourcenar no es el Adriano histórico, sino un personaje creado por ella al margen de Roma y los romanos, por más que guarde cuidadosamente las apariencias con gran erudición, social, histórica y política.

La novela  recoge las impresiones del emperador romano Adriano, un hombre instruido, de profunda sensibilidad y sabiduría, sobre las grandes cuestiones del ser humano: la libertad, el amor, la muerte, el poder, la moral o el destino. Es el propio Adriano quien, ante la proximidad de su muerte, repasa su vida y su pensamiento a través de un exquisito y preciso lenguaje.
La ambigüedad mental y erótica de Adriano, sus pequeños rencores y sus violentas reacciones, que nos lo muestran incapaz de detener la disolución, que él intuye próxima, del mundo en el que vive, están magistralmente captados. Es un libro insólito por su refinamiento y hondura, ambientación y lo que podríamos llamar «pasiva actividad»: tensión dramática conseguida con matices e ideas, no con movimiento. Las Memorias de Adriano han conseguido una cosa tan difícil como es el compaginar la excelencia literaria y estética con el éxito popular. Traducida a todos los idiomas cultos, se ha convertido en una obra maestra.

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Sesión 6. Club ÉBANO: El palacio azul de los ingenieros belgas, de Fulgencio ARGÜELLES

Entrada publicada en Club ÉBANO el 29 de Noviembre, 2011 por Club de lectura – 9 Comentarios

En la próxima sesión que tendrá lugar el 19 de diciembre (11:00), comentaremos el libro de Fulgencio Argüelles: El palacio azul de los ingenieros belgas.

Fulgencio Argüelles (Orillés – Asturias, 1955). Tras su infancia en Asturias, estudia psicología en las universidades de Comillas y Complutense de Madrid, especializándose en sociología del trabajo y de las organizaciones. En 1997 regresa a Asturias para residir en Cenera (Mieres), lugar de gratos e imborrables recuerdos para él. Antes de la aparición de su primera novela recibió varios premios por sus relatos cortos, tanto en castellano (Aller, Guardo o Internacional de Meres) como en asturiano (Carreño, Lena o Bilordios de Pinón).

Ha publicado las novelas Letanías de lluvia, Premio Azorín de 1992; Los clamores de la tierra, 1996; Recuerdos de algún vivir, Premio Principado de Asturias 2000 y El Palacio azul de los ingenieros belgas, Premio Café Gijón 2003. A sus novelas, se añaden los libros de relatos: Del color de la nada y Seronda, éste último en asturiano y en colaboración con el pintor, también asturiano, J. Enrique Maojo.

El palacio azul de los ingenieros belgas es una novela que nos sitúa en torno a los años de la Dictadura de Primo de Rivera, 1934, años revolucionarios en Asturias; una época que se llamó, “de las chimeneas”, cuando llegaron empresarios industriales dispuestos a explotar los grandes recursos de esa tierra. Los ingenieros llegaron de Bélgica y pertenecían a esa clase acomodada que poseía el poder porque era dueña del trabajo en la mina, de la salud o la enfermedad que ese trabajo conllevaba, de la educación y hasta del agua y el aire que se respiraba, que promovían mejoras sociales con la única finalidad de aumentar la productividad y, por lo tanto, sus ganancias.

La historia nos la va contando un niño, Nalo, al que el autor hace evolucionar poco a poco ante nuestros ojos, y en palabras del propio autor, “es un aprendiz de jardinero empeñado en buscar y alcanzar la sabiduría”. Nalo es un personaje creíble, que inicia el relato siendo aun niño y nos llevará de su mano por la historia, mostrándonos la convivencia entre dos mundos: ricos y pobres, en una visión personal carente de rencor porque Nalo tuvo la suerte (se lo debe a su abuelo) de no entrar a trabajar en las minas para ganarse la vida y, a través de su trabajo como jardinero, pudo aprender, crecer sano por dentro y por fuera. Desde su juventud y su falta de rencor fue capaz de ver los acontecimientos sociales que ocurrían a su alrededor. Supo aprovechar la oportunidad que la vida le daba. A medida que el personaje crece, la novela refleja su búsqueda constante del conocimiento y la perfección, por ello Nalo entenderá el amor como la manifestación más humana del conocimiento compartido. Y todo ello, con un estilo literario muy elaborado, de frases largas y vocabulario muy culto. Sus comparaciones y metáforas están siempre llenas de poesía y sonoridad.

Pero el libro es mucho más, no hay personaje de la novela que no sea especial: su hermana, la dulce y poética Lucía, una mujer muy adelantada a su tiempo, con la que sufrimos y a la que llegamos a perdonar todo; su madre, amargada y carente de compasión; su padre, un minero al que conocemos en su propio entierro pero al que tan bien llegamos a distinguir a través del libro; su abuelo, fundamental para el futuro de Nalo; la abuela, que curiosamente siempre se expresa a través de refranes; Eneka, un hombre cabal, sensato y sensible, un personaje extraordinario que había leído toda la Enciclopedia Universal; Elena, su primer amor; Julia, la niñera, con quien descubre el sexo; Jacob y su hermano Hendrik, los ingenieros belgas, y Geertghe esposa de Hendrik que junto con el abuelo de Nalo dan un sentido a la novela, pues a través de lo que el protagonista nos cuenta podemos intuir lo que hubo o hay entre ellos. Encontramos otros personajes secundarios, pero no por ello menos importantes para la historia. Y a través de la vida de esos personajes, el autor nos introduce en importantes momentos históricos que anuncian grandes cambios.

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